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SIROS

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Siros es una isla que tiene todo lo que una isla griega debe tener y, gracias que es el centro administrativo de las Cícladas, no ha sentido como otras islas la necesidad de adaptarse al turismo ni, por tanto, de modificar su esencia. Tiene la extraña peculiaridad poco usual en Grecia de que la mitad de sus habitantes son de religión católica, y su economía, aunque se trata de una isla bastante árida, se basa en la agricultura y la ganadería, además de en una pequeña industria naval y textil.
Siros, como tantas otras Cícladas, estuvo habitada desde tiempos inmemoriales.
   Probablemente fueron los fenicios los primeros en pisar su costas, y Homero ya se refería a ella con el nombre de Siriin. Según una bonita leyenda, el primer habitante de la isla, Cerauno, llegó a Siros a lomos de un delfín que le socorrió cuando se hundió su barco. De hecho en Siros se han encontrado las acrópolis más antiguas de todas las Cícladas. No obstante, y como ocurre en la mayoría de las Cícladas, la mayor influencia en Siros la ejercieron los venecianos en el siglo XIII, seguidos de los turcos que tomaron la isla en el siglo XVI. Hasta principios del siglo XX Siros fue el puerto principal del Egeo, un lugar donde se comerciaba y se traficaba con todo. Quizá de este espíritu comercial le viene su nombre a la capital, que hace honor a Hermes, dios de los comerciantes.

Cosas que ver en Siros

La capital, Ermoupolis, es conocida como “la reina de las Cícladas”. Fue fundada en 1821 SIROS5_1.jpgdurante la Guerra de la Independencia, y es un bonito núcleo urbano, animado todo el año y con gran número de edificios neoclásicos dispuestos en forma de anfiteatro entre los que se abren paso bonitas iglesias, como la de Agios Dimitiros, Treis Hierarches y Agios Nikolaos. También ofrece al visitante un Museo Arqueológico y una interesante biblioteca.
   Unida por una imponente escalinata a Ermoupolis se encuentra Ano Sira, burgo medieval donde día y noche resuenan a ritmo de bouzuki (instrumento de cuerda similar a la mandolina y todo un signo de identidad griega), las rebetiká, las tristes canciones de la diáspora griega. Los astilleros, las villas particulares, la iglesia de la kímisis, que conserva un Tránsito de la Virgen atribuido a El Greco, el nuevo casino ubicado en las antiguas prisiones, el municipio neoclásico, el Teatro Apollon, reproducción en miniatura de La Scala de Milán, constituyen la fortaleza de la comunidad católica griega desde la dominación veneciana. La escarpada colina de Ano Sira está coronada por la Catedral de Agios Georgios, que sigue los preceptos del Vaticano, mientras que por las conciencias ortodoxas vela el Templo de la Anástasis (Resurrección).
   También merece una visita Galissás, centro balneario en la costa oeste, Fínikas, una bahía rodeada de pueblos y centros balnearios al sur de la isla, la cueva de estalactitas de Agios Stefanos, y los restos de asentamientos neolíticos de Halandriani y Kastri.
   La costa de Siros ofrece a los amantes del mar tramos rocosos y estrechas playas de arena y guijarros, hasta las que se acercan en ocasiones los cultivos de árboles frutales de la zona suroriental, como la de Azólimnos y Santoriani. Las playas de la costa suroeste son las mejor consideradas de la isla, y entre ellas destaca la de Galissás, bonita playa arenosa, Vari, Finikas Bay y Gialos, playas no tan concurridas. Para familias con niños se recomiendan las playas de Agios Nikolaos y Ambela.
Por último, recordar a los románticos que no han de perderse las puestas de sol de Siros.


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